
La otra mañana salí a adornar la carretera.
No importaba el frió, ni el día, ni la hora, y mucho menos el rumbo o el destino.
La otra mañana salí a adornar la carretera.
No importaban las curvas ni las rectas, y mucho menos la velocidad o el camino.
La otra mañana salí a adornar la carretera.
Y cada kilómetro que pasaba se volvía mas solitaria, mas hermosa y mas bella.